Por:
Omar Cavero[1]
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3. Momento actual del Perú: dominación neoliberal. No solo ideas sino estructura de poder.
En
el Perú de hoy, la forma en que el Estado gestiona el capitalismo o, dicho de
otro modo, el régimen de política económica que rige, tiene como criterios de
acción y de valoración las ideas neoliberales.
Estas
ideas se expresan como agenda política en tanto delimitan prioridades desde las
que se decide hacer una cosa y no otra: sacar un decreto legislativo con cierto
contenido o con otro, o no sacarlo, promover un tratado o no promoverlo, subir sueldos
públicos o no, etc.
Un
ordenamiento de prioridades
De
1990 en adelante, la prioridad última de los gobiernos se reduce a dos puntos: promover inversiones privadas y procurar
estabilidad económica y política. No importa cuáles fueran los planes de
gobierno de los candidatos presidenciales antes de ganar. De hecho, todos ellos
prometieron cambios, pero ya en el poder siguieron el coro: inversiones y
estabilidad.
Por
supuesto, no estoy diciendo que solo
se haya hecho eso, pero sí quiero enfatizar en que la diversidad de medidas,
reformas, acciones o inacciones de estos gobiernos, han partido de un
ordenamiento de prioridades que se ha subordinado a aquellos dos pilares, a
aquellas dos prioridades sagradas.
En
el plano de las ideas la lógica detrás de estas prioridades de política
económica tiene asidero en una combinación entre teoría neoclásica y
liberalismo, que podemos denominar neoliberalismo.
A
modo de resumen, desde aquella ideología –lo es en tanto sistema de ideas para
entender y evaluar el mundo-, la realidad social es vista como un cúmulo de
individuos, donde todos cuentan con alguna cantidad de recursos que quieren
transar y que están relacionados entre sí a través del mercado en calidad de
ofertantes o demandantes.
Como
–desde esta visión- nuestra única forma de lograr bienestar es siguiendo
nuestra voluntad individual, y ésta se expresa en nuestras decisiones como
agentes económicos en un mercado, liberar al máximo el mercado y promover la
mayor cantidad de inversiones significará un bienestar lo más alto posible para
todos. Formalmente todos somos libres, propietarios e iguales.
Estado
pequeño y garante del libre mercado
Por
eso, en la práctica, el neoliberalismo planteará que el Estado debe reducirse
solo a ser un garante del mercado. No debe intervenir. En lo laboral, las
posiciones más radicales plantearían, por ejemplo, que no haya legislación
laboral ni que se permita la formación de sindicatos, pues serían distorsiones
del mercado que harían que los empresarios enfrenten sobrecostos que los hagan
menos competitivos. Recuerdo haberle escuchado a Enrique Ghersi decir: “no hay
mejor sindicato que el que no existe”.
Desde
esta lógica, entonces, si no dejan de llegar las inversiones o si las que están
acá no se sienten cómodas, se pondría en riesgo el bienestar de todos, pues
esas inversiones son las que darían dinamismo al mercado y haría crecer la
riqueza total. Por supuesto, en esta visión no hay excedente de explotación y
la desigualdad es justificada so pretexto de contar con incentivos para la
eficiencia. Ellos no ven que la riqueza la producen los trabajadores y creen
que los problemas que vimos al inicio se resuelven con más inversión.
Para
esta ideología, si el Estado gasta mucho puede generar inflación, ésta generará
inestabilidad y la inestabilidad hará que los capitales se alejen o no
reinviertan. Si el Estado actúa de forma que no le gusta al empresariado,
rápidamente deberá dar medidas para recuperar la confianza. De no hacerlo se
irán, y el crecimiento se detendrá. Si hay un conflicto social, el Estado deberá
poner orden lo antes posible y no cambiar la institucionalidad (de ninguna
manera cancelar una concesión minera, por ejemplo), pues si no sigue esta pauta
daría señales que no le gustarán al empresariado.
Resultado
de una aplicación estricta de estos principios: Estado pequeño, gasto público
bajo, instituciones a la medida de los empresarios, mano dura con las
protestas, una democracia tutelada por los intereses del capital, gobiernos
cuyo arte consistirá en atraer inversiones y mantener contentos a sus
propietarios, etc. En conclusión: Perú.
¿Plan
de desarrollo nacional que nos lleve a depender menos de la extracción de
minerales y sus precios internacionales?, ¿incentivos a sectores específicos de
baja productividad?, ¿legislación laboral que proteja al trabajador?,
¿gobiernos que siguen el mandato popular?, ¿una estabilidad que estabilice instituciones más justas?, ¿democracia?
No. Eso distorsiona el mercado y salvo el
mercado todo es ilusión.
Una
estructura de poder particular
Pero,
¿por qué habría que seguir estas ideas? Finalmente cada quien es libre de creer
lo que desee, ¿verdad?
El
quid del asunto está en que tales ideas son perfectamente funcionales a los
sectores más fuertes de la sociedad y los que están mejor organizados. Que
estas ideas primen en la agenda pública y en la legislación, solo lo explica el
que haya una estructura de poder en donde los sectores que ganan con ellas sean
los dominantes, con amplio margen de maniobra, y que los que no se benefician
con estos planteamientos, tengan poca capacidad de presión.
En
esa estructura de poder se ubican en la cúspide los representantes orgánicos
del gran capital: en primer orden de importancia estará el capital extranjero y
en seguida el capital nacional. ¿En qué radica su poder hoy? Básicamente en
cuatro cosas, interrelacionadas:
a) tienen un orden jurídico que
les favorece ampliamente y que convierte en ley y en “Estado de derecho”, en “instituciones
que fortalecer”, sus intereses
particulares;
b) están fuertemente organizados en gremios empresariales y a través de
organismos externos de orden transnacional;
c) manejan una extensa red de poder que atraviesa medios de comunicación,
partidos políticos, universidades y burocracia estatal; y
d) cuentan con el poder del dinero: hacen dependiente al Estado de su éxito
económico vía tributación, pueden comprar funcionarios y candidatos, financian
campañas políticas, compran medios de comunicación, contratan los mejores
estudios de abogados y las mejores consultoras de comunicaciones, etc.
Ahí
están los decretos legislativos dados por Fujimori en el marco del ajuste
estructural, y la Constitución de 1993, hecha bajo la farsa de un Congreso
Constituyente Democrático convocado con organismos electorales controlados y manejado
con una amplia red de corrupción en la sombra, con dirección política desde el
Ejecutivo.
Están
también las diversas formas que han tomado las instituciones del Estado, tanto
a nivel reglamentario como en su diseño organizativo. Se aprecia con claridad
en la legislación ambiental, que si bien no existía antes, se planteó de forma
tal que la promoción de inversiones no se viera afectada y la fiscalización
ambiental real sea prácticamente inexistente, donde, por ejemplo el Ministerio
de Energía y Minas, promotor de esas inversiones, es quien también las
fiscaliza, haciendo las veces de juez y parte.
Mencionemos
también los contratos ley con inversiones extranjeras, los beneficios
tributarios otorgados a empresas en ciertas ramas, los tratados de libre
comercio firmados con furor y con escasa intención de negociación real, etc.
Nótese
que en esta enumeración, muy pequeña, menciono elementos que atraviesan los
gobiernos de Fujimori, Toledo, García y Humala. La caída de la dictadura parece
no haber sido muy relevante. El entramado institucional y la estructura de
poder edificadas durante ese periodo, permanecen durante estos tiempos de
democracia formal.
Observemos
también la inmensa fuerza que tienen gremios empresariales como la CONFIEP, la
SNMPE, ADEX, la SNI, las Cámaras de comercio de Lima y de las regiones, etc., y
también atendamos a sus redes de poder. Éstas atraviesan:
-
medios de comunicación: ¿cuántos medios dan espacio
a posiciones críticas al régimen económico actual?
-
universidades: ¿cuántas universidades de calidad
desarrollan pensamiento crítico?, ¿cuántas facultades de economía cuestionan la
teoría neoclásica con seriedad?
-
partidos políticos: ¿cuántos de los que están en el
poder del Estado sea en el oficialismo o la oposición, son críticos o presentan
alternativas al régimen económico actual?
-
burocracia: ¿cuántos funcionarios de alto nivel en
los ministerios piensan distinto?, ¿cuántos de los que han tenido una opinión
discordante subsisten en el cargo?, ¿cuántos transitan entre el Estado y
empresas privadas que tratan con el Estado, como si se cruzaran una “puerta
giratoria”, como apunta Francisco Durand?
Y a
nivel externo están los de siempre, ya conocidos: organismos financieros como
el FMI, el BM, la OMC, el BID, etc., calificadoras de riesgo (que le ponen nota
a los países sobre qué tanto satisfacen al inversionista), foros económicos
(donde los presidentes van a rendir cuentas a los inversionistas del mundo y a
prometerles beneficios para que pongan negocios en sus economías), etc.
Debilidad
organizativa, fragmentación y poca conciencia política
Bueno,
eso es “arriba”, por decirlo de forma sencilla. ¿Y “abajo”?
Atención
a algo: nada nos debería llevar a pensar que todos debemos estar de acuerdo o
que debamos ser críticos al sistema y al régimen económico de forma automática.
Está bien, varios pueden estar de acuerdo con la situación actual o sentirse de
derecha. No hay problema con eso. Pero preguntémonos, ¿y si estuviéramos en
contra y quisiéramos cambios?, ¿qué posibilidades de expresar nuestra voluntad
tenemos?, ¿qué probabilidad de que el Estado nos escuche?, ¿qué capacidad
tenemos de evitar que nos expropien nuestras tierras y nos expulsen a la fuerza
porque debajo hay minerales, o de lograr que nos aumenten el sueldo y nos paguen
las horas extra que nos corresponden?
Ahí
se evidencia la estructura de poder: no estamos suficientemente organizados, ni
siquiera como para resistir con éxito y mucho menos como para proponer y sacar
adelante cambios políticos de trascendencia.
Por
supuesto, hay gremios con cierta fuerza como el magisterial y el de salud, y
también algunas organizaciones con capacidad de paralización y movilización de
gente, como las rondas campesinas, algunas comunidades, organizaciones
indígenas amazónicas, etc. Pero estamos lejos de contar con movimientos
sociales nacionales, con cierta articulación entre sí y con una agenda que sobrepase las demandas
inmediatas o sectoriales. Asimismo, las posibilidades de representación
partidaria son escasas, dada la debilidad y el extravío crónico de la izquierda
política y la traición del partido nacionalista. A eso sumemos el apoliticismo
extendido y el éxito que tiene la ideología del emprendedor “chambero” que no
reclama y que trabaja largas jornadas.
¿Ustedes
creen que un presidente se atrevería así nomás a violar sus promesas
electorales y virar con descaro en dirección política contraria a la que
enarboló en campaña, si hubiera una población organizada capaz de paralizarle
el país y sacarlo, o de exigirle que cumpla determinadas políticas?
Lo
que nos debe quedar claro es que si esa estructura de poder no es alterada, si
no construimos poder mediante la organización y la conciencia política, si no
enfrentamos la fragmentación tendiendo puentes entre espacios organizados y si
no sabemos dirigir nuestras demandas también al mediano y largo plazo, seguirán
pisando nuestros derechos y seguiremos creyendo ilusamente que en una
democracia el poder de la población radica solo en votar cada cierta cantidad
de años y desaprobar a las autoridades en encuestas de opinión.
4.
Los retos del movimiento sindical. Reforzar lo andado, crecer y crear
estrategias para abordar la marginalidad económica.
El
movimiento sindical no escapa a ese diagnóstico. La organización sindical ha
sido la tradicional para agrupar a los trabajadores. Mostró su efectividad y la
sigue mostrando. Permite expresar la fuerza colectiva de los trabajadores,
organizar su lucha y crear conciencia política y de clase. Pero el sindicalismo
está muy golpeado hoy. En proporción directa a su debilidad crece la
precariedad y se vulneran los derechos del trabajador.
Urge
pues poner de pie al movimiento sindical. Revitalizarlo, hacerlo fuerte. Eso
significa, entre otras cosas, fortalecer los sindicatos existentes con nuevos
afiliados, desarrollar más y mejores procesos de formación sindical, crear
sindicatos nuevos, trazar puentes con otros gremios y sectores para lograr
aliados valiosos, promover la unidad, acercar la lucha sindical a la población
mediante mensajes efectivos que despierten la solidaridad de otros sectores
sociales, etc.
Debemos
pensar en las estrategias y las tácticas más adecuadas para afiliar a nuevos
trabajadores, para derrotar el discurso generalizado del emprendedurismo auto
flagelante y egoísta, y enfrentar el apoliticismo de los trabajadores más
jóvenes.
Posibilidades
y límites objetivos del crecimiento sindical
Ahora
bien, como insumo para un diagnóstico que necesariamente debe ser más amplio y
profundo, concédanme realizar esta pregunta: ¿cuánto puede crecer el movimiento
sindical? En el marco de la tarea por fortalecer el sindicalismo, esta pregunta
es fundamental.
Si
mantenemos el esquema sindical actual y las leyes que lo amparan, el movimiento
sindical tiene dos límites estructurales objetivos: la condición de asalariado
y el tamaño de la empresa. Solo pueden sindicalizarse bajo ese esquema los
asalariados y quienes logran conformar un grupo de por lo menos veinte
trabajadores.
Según
datos del 2012, hay 45.4% de trabajadores asalariado en el Perú. De ellos, solo
4.1% están sindicalizados. La tasa de sindicalización viene cayendo. En el 2002
bordeaba el 7%. La primera tarea es detener esa caída. Pero debemos notar algo
importante: una tasa tan baja de sindicalización nos pone el techo bien alto
para crecer. Estamos muy lejos de haber conformado sindicatos en todos los
espacios donde éstos puedan ser formados. Tenemos mucho por avanzar.
Sin
embargo, en paralelo a este trabajo de sindicalización de los asalariados, el
movimiento sindical y quienes aportamos a su lucha, estamos obligados a pensar
en cómo organizar a los trabajadores incluso de formas que sean distintas al
esquema sindical clásico. Así nos lo impone el carácter marginal de nuestra
economía.
Los
datos son claros. Ya habíamos adelantado que menos de la mitad de los
trabajadores son asalariados. Pero es menor la cantidad de asalariados en una
empresa donde hay trabajadores suficientes para formar un sindicato. Por
ejemplo, tomando la PEA total, en empresas de más de 11 trabajadores labora solo
el 27.3% de la PEA, sean asalariados o no. Ello sugiere que una proporción
menor a ese porcentaje es “sindicalizable”.
En
el Perú, el 70.9% de trabajadores se emplea en MYPES (empresas de entre 1 y 10
trabajadores), el 34.8% de trabajadores son independientes y 11.6% son
trabajadores familiares no remunerados. Ahí la forma sindical clásica puede no
tener éxito.
¿Qué
hacer?, ¿no son acaso trabajadores?, ¿no son acaso explotados de forma
indirecta por el capital en tanto la lógica de la acumulación capitalista los
relega a los bordes de la economía y los integra como consumidores y
abaratadores de procesos de poca calificación?, ¿la marginalidad no es acaso
efecto de una economía supeditada a una acumulación capitalista interesada en
concentrarse solo en sectores de alta productividad, impidiendo el crecimiento
del mercado interno y el desarrollo de los sectores de productividad baja?
Esa realidad nos exige creatividad, diagnósticos
claros, estrategia, pero siempre mucha decisión y un norte claro: debemos
partir de la convicción de que la organización de los trabajadores es
fundamental para una transformación social, en tanto todo lo producido, y por
lo tanto también lo que buscarán apropiarse los explotadores, ha sido generado
con el trabajo.
5.
Palabras finales
Con
estas cuatro ideas plantearé algunas palabras finales. Ya habrán podido notar
que estas ideas simples entrañan tareas altamente complejas.
El
momento actual, de mayor crecimiento del producto –aunque frágil, pues depende
en buena parte de precios internacionales de materias primas- es un momento
difícil para el movimiento sindical y para los trabajadores en general, aunque
presenta también oportunidades.
Frente
al fantasma de la inflación y del terrorismo de la década de 1980, la estabilidad
relativa de hoy, a pesar de los ingresos bajos y todo lo mencionado, se
presenta como un logro, un avance, pero oculta el grado de altísima explotación
a que estamos sometidos los trabajadores. Sin embargo, el discurso del
crecimiento y el autobombo empresarial pueden ser aprovechados para hacer
evidente su contraste con la realidad cotidiana del trabajador y con ello
mostrar que el patrón actual de crecimiento no favorece a la mayoría de
peruanos y peruanas.
No
puede admitirse que quienes producen la riqueza no puedan beneficiarse de ella,
que los trabajadores, que sacamos adelante al país, estemos relegados a
situaciones de precariedad o subsistencia. Eso no puede ser considerado
simplemente como “normal” y mucho menos como justo, porque es algo construido
socialmente y por lo tanto susceptible de ser transformado socialmente.
Y
para lograr una transformación es preciso organizarnos. Está en juego no solo
nuestra calidad de vida actual, sino la posibilidad de que nuestros hijos vivan
dignamente. Trabajemos duro por fortalecer las organizaciones existentes, por
hacerlas crecer, por despertar conciencia de clase en nuevos trabajadores y
formar nuevos sindicatos, por tener bases activas que vitalicen el movimiento,
por tener éxito en las estrategias orientadas a tener condiciones propicias
para avanzar en la tarea titánica de superar las causas sociales de la
explotación y la miseria.
No
podemos darnos el lujo de descansar un solo segundo. Y es que estaremos
trabajando no para que algunos se enriquezcan, sino para vivir bien nosotros y
nuestras familias, y lo haremos con la seguridad de que es posible ganar en la
contienda, pues en los trabajadores radica la fuerza social que mantiene viva
la economía, que la produce. No pueden dejarnos de lado.
Pero
para ello debemos ser fuertes. Ahora nos pisan. Ahora se aprovechan. Ahora
abusan. Sí. Pero eso se tiene que terminar, porque hemos decidido no permitirlo
más. Nos podrán quitar nuestros derechos en el papel, pero nunca nuestro
derecho a luchar con valentía por vivir con dignidad. Acá hemos escuchado el testimonio
valioso de los compañeros de Ripley y de Topitop, que nos han contado cómo
tuvieron que enfrentar el miedo y las diversas formas de hostigamiento de la
empresa, para poder contar con un sindicato, y también hemos escuchado cómo han
logrado ya varios avances importantes desde entonces. Eso nos permite creer con
fervor en que es posible avanzar en esta lucha, compañeros, y no solo que es
posible ganar, sino que es urgente y necesario.
Muchas
gracias y buenas noches.
La ponencia completa se puede descargar aquí.
[1] Esta
es una adaptación ampliada de la ponencia presentada por el autor en el evento:
“¿Qué significa ser joven y sindicalista en el Perú de hoy? La lucha sindical
de los trabajadores y los retos de nuestra época”, organizado por Emancipación, Escuela permanente de estudios
de la realidad peruana. (blog: www.escuelapermanente.blogspot.com).
El autor es sociólogo e integrante de Emancipación.
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