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jueves, 18 de diciembre de 2014

Rumbo a la Conferencia Nacional del Trabajo


Por: P.A.

Los derechos laborales, nacen porque existe una relación antagónica entre el capital y el trabajo. Son consecuencia y  resultado de las conquistas que han logrado  los trabajadores a lo largo de la historia para garantizar su bienestar y calidad de  vida, frente al capital.

Mientras más fuerte, consciente y unitario el movimiento de los trabajadores, más sostenibles y vigentes son sus derechos. Cuando el movimiento baja la guardia, los derechos conquistados se pierden, los ingresos bajan, la jornada crece.

El régimen laboral juvenil es uno más de los  paquetes económicos promovidos por los grupos de mayor poder en el país (CONFIEP, SNI, asociaciones de exportadores, representantes del congreso y de los partidos políticos tradicionales). Viendo en conjunto este proceso, lo que se busca  en el fondo es abaratar  la fuerza de trabajo -fuente creadora de todo valor dentro de la producción- y con ello seguir ganando igual o al máximo posible, la riqueza que esta produce, en plena crisis económica que empieza a afectarle a nuestro país. 

Entonces, la defensa de los derechos laborales –a raíz de la aprobación del nuevo régimen laboral-, trasciende el grupo etario. Debe entenderse y conducirse el movimiento como una lucha de los trabajadores frente a la arremetida del gran capital.

Debemos comprender que la organización de los trabajadores permite expresar la fuerza colectiva del trabajador dentro de la empresa y con el Estado. Mientras más consciente de su posición dentro del proceso productivo, mejor es su posición en  la  negociación,  resistencia y conquista de sus derechos. Su acción por tanto no solo es de lucha económica sino fundamentalmente de lucha política.

fuente:La República
Urge articular y aglutinar las fuerzas de los trabajadores. Los cambios no llegarán solos. Hay que imponer una agenda de cambio frente a la agenda de la continuidad promovida por los grupos de poder y el Gobierno. 

En ese sentido  la marcha del 18 de diciembre en contra del régimen laboral juvenil debe ser entendida y conducida como una primera acción en un proceso de acumulación de fuerza de los trabajadores rumbo a la formación de una Conferencia Nacional del Trabajo, organizada y dirigida por los propios trabajadores, para lograr un trabajo decente en nuestro país 

La Conferencia Nacional del Trabajo tiene que reflejar claramente  su diferencia con  el trabajo actual. Esta debe constituirse en una bandera fundamental del cambio social. Entre las acciones que se deben defender y promover están:
  • Fijar  el salario mínimo en función de la canasta básica.
  • Promover acuerdos de mediano plazo para que las empresas convengan con los trabajadores en mejoras salariales.
  • Fortalecer el Sistema Nacional de Pensiones. 
  • Aprobar la Ley General del Trabajo (paralizado en el congreso).
  • Fomentar y proteger la libertad sindical, la negociación colectiva y el respeto a su autonomía.
  • Eliminar el uso de los “services” en el sector público. 
  • Establecer mecanismos que impidan los abusos laborales.
  • Eliminar el despido arbitrario.
  • Prohibir el uso indebido de los contratos temporales. 
  • Eliminar los regímenes laborales del sector agrario, de las exportaciones no tradicionales y de las Mype.

¿El régimen laboral juvenil enfrenta la informalidad, el desempleo y la desaceleración?

Cuatro argumentos económicos contra 
el régimen laboral juvenil

Por: Omar Cavero


Ha crecido mucho la oposición al régimen laboral juvenil (Ley 30288). Como es sabido, se trata de un régimen especial para jóvenes que ha planteado el Ejecutivo en el marco de un conjunto mayor de medidas de reactivación económica.

El régimen es voluntario y aplica para jóvenes de entre 18 y 24 años que entren por primera vez a planilla o que estén desocupados (por lo menos 90 días fuera de planilla). Quienes adopten este régimen tendrán solo 15 días de vacaciones al año, no tendrán Compensación por Tiempo de Servicios (CTS) ni gratificaciones, y deberán ser contratados por un plazo mínimo de 1 año por el empleador.

Asimismo, a modo de incentivo, quienes adopten el régimen podrán deducir un porcentaje de Impuesto a la Renta en capacitaciones (máximo 2% del equivalente de la planilla) y en el caso de las Micro y pequeñas empresas (Mypes) “el Estado asumirá el costo correspondiente al primer año de cotización del seguro social de los jóvenes que ingresen por primera vez a planilla electrónica” (Art. 21).

Los argumentos del Ejecutivo

Son tres los argumentos centrales del Ejecutivo para impulsar esta medida, que se pueden distinguir del propio proyecto de ley y sus participaciones públicas.

El primero es que se incentivará el empleo formal entre jóvenes, pues se considera que la informalidad es un problema de sobrecostos laborales y al rebajarlos aumentará la formalidad.

El segundo es que los jóvenes, al ser la población con mayor desempleo, se verían beneficiados pues habría más puestos de empleo para ellos, dados los incentivos ofrecidos al empleador.

El tercero es que se reactivará la economía a partir de aumentar la formalidad y el ingreso de los jóvenes a la fuerza de trabajo ocupada.

Los argumentos son de corte económico. Eso no es casualidad, pues es el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) quien ha elaborado la norma y ésta se plantea desde el problema de la reactivación económica.

Fuente:Diario La Primera Perú
Por ello mi impresión es que, aun siendo absolutamente válidos los argumentos jurídicos -que con justeza apuntan al carácter inconstitucional de la norma (discrimina a los jóvenes) y al carácter lesivo a los derechos laborales-, han sido pocos los argumentos dados desde un razonamiento económico para refutar esta ley.

Por tal motivo sugiero tres argumentos para enfrentar este debate. Como se verá, el trasfondo excede al problema juvenil y apunta a una visión de la economía centrada exclusivamente en el punto de vista del empresariado. Son tres argumentos que no pretenden ser todos los posibles. Los dejo sobre la mesa como aporte a la lucha por la derogatoria de esta ley.

1. ¿Se enfrentará la informalidad haciendo más baratos a los trabajadores?

El problema de la informalidad no radica en la existencia de sobrecostos laborales, sino en la escasa demanda de empleo y sus desencuentros cuantitativos y cualitativos con la oferta de trabajo. Mucha gente para pocos puestos y requerimientos de perfiles que no tenemos.

Desde inicios de los noventa los derechos laborales se han venido perdiendo so pretexto de flexibilizar el mercado de trabajo; no obstante, hoy, casi veinticinco años después y tras más de una década de crecimiento constante (desde el 2001, sobre todo), la informalidad laboral es de 74.3% (INEI, 2014)[1]. En los noventa (1997), ésta bordeaba el 77% (Morales y otros, 2010)[2]. No hay evidencia, entonces, de que esa estrategia funcione.

El problema no es de falta de incentivos a la formalización; y aun si lo fuera, la formalización no se reduce al costo laboral, que ya es bajo. El problema es estructural. En el Perú de hoy 48 de cada 100 jefes de hogar son trabajadores independientes (ENAHO, 2013), es decir, que se inventan su empleo; 97% de las empresas son de menos de 11 trabajadores (Mypes), emplean al 76.1% de los ocupados y tienen un corto tiempo de vida; y menos de la mitad de los trabajadores es asalariado.

A ello se suma que los sectores que más ganan (minería, hidrocarburos, finanzas, electricidad y agua) son los que menos emplean (2.5% de la PEA) y que aun donde el empleo es formal –dada la flexibilidad laboral- existe también precariedad laboral: poca estabilidad (72% de asalariados privados tienen contratos a plazo fijo) e ingresos reales bajos (un obrero en Lima hoy tiene un salario real 203.8% menor al que tenía en 1980).

Si se quiere formalizar, las medidas deben ir dirigidas a promover la asociación de Mypes, a dar facilidades crediticias a estas empresas, a capacitar a los trabajadores, a desarrollar incentivos para que se desarrollen sectores más empleadores, como agro y manufactura, etc. Es mentira que se logrará formalidad con trabajadores (más) baratos y sin derechos, y persistiendo en un patrón de crecimiento como el que tenemos.

2. ¿Deberíamos esperar que este régimen tenga algún efecto en la reactivación?

Se busca reactivar la economía promoviendo la inversión privada, pero no se plantea qué tipo de inversión privada se quiere promover. Es necesario que toda política pública tenga claro a quiénes van dirigidas las estructuras de incentivos que diseña y qué se quiere lograr con las medidas tomadas. Incentivar la inversión a secas es fortalecer a quienes ya priman y que en más de dos décadas no han generado empleo de calidad ni verdadero bienestar.

Si lo vemos en términos sencillos, enfrentar la desaceleración requiere que se aumenten la producción y el consumo. Al golpear los derechos de los trabajadores jóvenes no se tendrá ese efecto. Al no ser la informalidad un problema de trabajadores caros, disminuir sus derechos solo tendrá como efecto aumentar el nivel de ganancia neta de las empresas que adopten el régimen laboral juvenil.

No hará que los trabajadores sean más productivos y no aumentará el consumo en la población. Es así pues, en primer lugar, la productividad no radica en el costo de la fuerza de trabajo sino en la producción; y, en segundo lugar, porque un régimen más flexible, sin vacaciones completas, gratificaciones, ni CTS, no tendría por qué tener un impacto positivo en el consumo, sino todo lo contrario.

3. ¿Deberíamos esperar que se genere empleo formal nuevo?

No tiene por qué esperarse que el régimen laboral juvenil tenga un efecto relevante en generar empleo nuevo entre los jóvenes y en formalizar el empleo entre aquellos hoy informales.

En primer lugar, difícilmente se desarrollarán nuevas inversiones producto de este régimen.

En segundo lugar, es muy probable que el nuevo régimen afecte sobre todo a los trabajadores que ya se desempeñan en la formalidad y a aquellos que están por ingresar al mercado de trabajo.

También es de esperar que el régimen incentive el reemplazo de trabajadores de mayor edad por trabajadores jóvenes, e incluso que se desarrolle un fenómeno de recontratación bajo el nuevo régimen, aún a pesar del candado que pone la ley, pues existen grandes limitaciones en la fiscalización laboral.

4. ¿Es esa la forma de apoyar a uno de los sectores más vulnerables del mercado de trabajo?

Los jóvenes son uno de los sectores más vulnerables en el mercado de trabajo. El grueso de la evidencia económica sostiene esta afirmación. Son quienes tienen las tasas más altas de desempleo, la menor estabilidad y los ingresos reales más bajos. Si el gobierno busca ayudar a este sector de los trabajadores no lo logrará aumentando esa vulnerabilidad al promover un régimen en el que los jóvenes ingresarán al mercado laboral con derechos aún más recortados que los demás trabajadores, que ya han visto en las últimas dos décadas recortes radicales de sus derechos.

Conclusión

Queda claro que no se busca reactivar la economía para que ésta repercuta en desarrollo y bienestar para los peruanos. Lo que se busca es aprovechar la desaceleración del PBI para imponer la agenda de las grandes empresas de la forma más radical. Los paquetes de reactivación han sido pensados exclusivamente desde esos intereses: mayor permisividad ambiental, mayores beneficios tributarios y menores derechos laborales.

El mensaje de fondo de estos paquetes es que persistiendo en fortalecer un modelo económico desigualador, dependiente de precios internacionales y generador de conflictividad social, se podrán superar los problemas que ese modelo genera. ¿La forma de anticiparnos a una crisis es acaso persistiendo en los defectos que la generan?, ¿uno se curará de una infección intoxicándose más? No nos dejemos engañar.







[1] Cuenta Satélite del Sector Informal, elaborada por el INEI, 2014. El INEI utiliza como año base el 2007 y encuentra que el 2012 el 85% de las unidades productivas del área urbana son informales y el empleo informal en el país es de 74.3%. El sector informal fue definido como “el conjunto de unidades que producen bienes y servicios en pequeña escala, no llevan contabilidad, sus gastos productivos no se distinguen de sus gastos familiares, tienen una organización rudimentaria y no están registradas en la administración tributaria”. El empleo informal, a su vez, es definido como “aquellos trabajadores que no gozan de protección social, pre aviso al despido, indemnización por despido, vacaciones anuales pagadas, licencias pagadas por enfermedad, no cuentan con pensión de jubilación”.
[2] Morales, R., Rodríguez, J., Higa, M. y Montes, R. (2010). Transiciones laborales, reformas estructurales y vulnerabilidad laboral en el Perú (1998-2008). Documento de Economía N°281. Lima: Departamento de Economía, PUCP.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Se realizó con éxito la primera ronda de discusión e investigación de Emancipación

Dentro de la visión que funda la escuela se encuentra un componente de investigación. La elaboración de un pensamiento crítico es necesariamente una labor creativa. En esa línea, hemos desarrollado un plan de investigaciones y discusiones que inició el pasado sábado 13 de diciembre con una primera ronda de trabajo.

La discusión se desarrolló en torno a la siguiente pregunta: "¿Cuáles son las características de la estructura económica peruana y su dinámica en los últimos 25 años? Producción, trabajo y acumulación de capital". Esta pregunta se sitúa en una de nuestras líneas de investigación: "caracterizar la dominación vigente y su movimiento".

Tuvimos el privilegio de contar con las exposiciones del sociólogo Guillermo Rochabrún y del economista Julio Gamero, y con los comentarios de Edmundo Murrugarra y Levy del Águila. Les quedamos muy agradecidos. También expusieron los compañeros de la escuela Omar Cavero y Luis Rodríguez, y contamos con los aportes de diversos miembros de Emancipación que intervinieron en la discusión.

Rochabrún abordó los cambios y continuidades de la sociedad peruana en los últimos cincuenta años, con énfasis en los elementos estables que caracterizan al Perú desde los noventa. Al parecer el “péndulo peruano”, al que aludía Gonzáles de Olarte al referirse al siglo veinte, donde habría oscilaciones permanentes entre ortodoxia y heterodoxia económicas, se habría detenido en el primer extremo desde hace veinticinco años.

Gamero nos mostró datos valiosos sobre la situación actual de los trabajadores y se preguntó sobre las características y los alcances de las relaciones capitalistas de trabajo en el Perú actual, en un escenario de bajo ingreso real, alta informalidad y bajo asalaramiento.

Cavero presentó una propuesta teórica para definir el concepto de dominación social, entendido como la institucionalización de una estructura de poder, un fenómeno multi-dimensional que atraviesa los aspectos material y simbólico de la existencia social y que exige superar las divisiones -y encontrar puentes- entre los análisis económico, político y cultural.

Rodríguez abordó la situación actual de la izquierda peruana en el marco de la dominación vigente: poca capacidad de crítica y propuesta, y la predominancia de una perspectiva liberal, fragmentaria y con trazos posmodernos dentro de sus filas. En reuniones posteriores abordaremos de lleno esta problemática.

Los resultados de esta discusión son un aporte importante para la agenda de investigación de la Escuela. Pronto compartiremos en una edición escrita los resultados de esta primera ronda. Todo apoyo que aporte a construir diagnóstico y propuesta desde una perspectiva crítica y rigurosa, es bienvenido.