Acorde con el lineamiento general de nuestra
Escuela Permanente que es vincular la teoría con la práctica en cada paso que
damos, desde los inicios de nuestros círculos venimos teniendo intervenciones
en las calles de Lima. A continuación les presentamos, con algunas
modificaciones, el texto que llevamos a nuestra primera intervención en la Alameda
Chabuca Granda. El tema, una crítica sustentada al hegemónico discurso de Marca
Perú ¿qué hay detrás de esta llamativa y envolvente campaña? Les compartimos
algunas reflexiones.
Todos hemos visto alguna publicidad de Marca Perú.
Sí, todos. Esas que filman en Nebraska o
en Italia. De seguro, también se ha
sentido orgulloso. Orgulloso de que el país esté en boca del mundo, de que se
valore la diversidad y la riqueza nacional. Orgulloso de que nos reconozcan.
Pero detengámonos un momento. ¿Ha reflexionado acerca del significado detrás de
la campaña?
Las cosas en venta tienen marca, ¿el Perú está en venta?
Para empezar, ¿qué es una marca? Una marca sirve
para publicitar un producto a vender. Por ejemplo: ropa, autos, pinturas, etc.
Pero ¿y un país?
Al aceptar de forma alegre y acrítica que se publicite
al país como una marca, estamos, sin darnos cuenta, avalando que el Perú se
ponga en venta: sus recursos naturales, su gente trabajadora y hasta su
identidad.
Y es que ese remate ya comenzó y quieren
acostumbrarnos a él: cerca del 15% del territorio está concesionado para
actividades mineras y 72% de nuestra Amazonía está concesionada para
actividades de hidrocarburos. Ni la plaza de armas de Iquitos se escapa de
tales concesiones. Es peligroso, pues, que un país se asuma como una marca.
Un país feliz, con derechos garantizados y que necesita ser consumido
Por otro lado, en las publicidades de Marca Perú,
¿qué imagen del país es esa que se da? En toda la propaganda aparece un país
extranjero que nos recibe. En EE.UU., en Italia. Se muestra como máximo logro
del país el exhibirse en el extranjero.
Marca Perú nos dice que para reconocer al país como
algo valioso, el Perú antes debe pasar por la aprobación extranjera. Con esto, nuestra
identidad nacional se convierte en algo exótico y caricaturesco destinado a
entretener a los que están fuera y ofrecernos en venta. Basta con dar un
vistazo a la forma en que publicitan la campaña. Aparece como si nuestra
identidad fuera parte de una exposición en un museo.
¿Y qué es lo
que se proyecta en el extranjero? Ellos ven un país donde todas las culturas
son una mezcla feliz, un país realizado, donde las diferencias conviven en
armonía, un país que crece. Les ofrecemos todo lo exótico que les podríamos
ofrecer y gozamos cuando ellos gozan. El Sheriff sonríe y el Perú sonríe con
él.
El Perú real, evidentemente, no es así.
Para empezar, en este país no vivimos en armonía. ¿No
es acaso el racismo un problema que ronda en todas partes?
Hablemos de derechos. ¿Acaso en el Perú éstos están
garantizados?, ¿ha tratado usted de encontrar una escuela pública de buena
calidad?, ¿ha tratado de estudiar gratuitamente en la universidad?, ¿no es pan
de todos los días que alguna madre pierda a su hijo o muera ella misma por mala
atención médica?
Marca Perú no da una imagen real, pues. Es falsa.
Lo más seguro es que usted crea que quien escribe
es alguien que está contra el crecimiento económico y que no quiere que el Perú
avance. Pero esta no es una crítica sin fundamentos.
¿Crece el PBI? Sí, pero eso no es sinónimo de bienestar
Ahora hablemos un poco del tan difundido
“crecimiento económico”. ¿Se ha puesto a pensar si este tiene algún significado
sustancial? Y usted responderá ¡pero cómo no! si la inversión extranjera
aumenta y el PBI crece.
El PBI, amigo/a, es un indicador de producción; o
sea, la señal de desarrollo de los empresarios. Y que la inversión extranjera
aumente es un indicador de cuánto se benefician esas empresas con el
aprovechamiento de los recursos peruanos, no de cuánto recibimos nosotros de
ellas.
Ninguna de estas dos es señal de mejores servicios,
ni de paz (ajá, ya es casi costumbre que mueran peruanos y peruanas en
conflictos sociales, ¿no?) ni tampoco de sueldos reales más altos, ni de mejor
calidad educativa, ni de acceso al sistema de salud. Y esto no puede negarlo,
ya que lo vive usted, lo vivo yo, lo vivimos TODOS
y TODAS.
Bien, si es verdad que todo lo anterior es mentira,
entonces ¿Quién nos está engañando? ¿Quién gana con todo esto? La respuesta no
es muy difícil de imaginar.
Los que ganan vendiendo el Perú
La Marca Perú no sale de la nada, es la imagen que
tienen del país los miembros de una elite acostumbrada a saquearlo. Desde las
elites coloniales y las oligarquías exportadoras, hasta los modernos
neoliberales de hoy, su esencia es la misma: agentes eficientes del capital
transnacional interesado en nuestros recursos. Y hoy con especial fuerza
cumplen su rol de rematadores del Perú.
Son ellos los que realmente se benefician del
crecimiento del PBI y del dinero que ingresa al Perú. Pero claro, a ellos no
les gusta que todos nos demos cuenta de aquello. Por lo que nos quieren hacer
creer que mientras ellos crecen, todos crecemos.
La marca que quiere volverse símbolo patrio
Y el Estado Peruano los apoya de diferentes
maneras. El Ministerio de Educación lanza campañas de Escuelas Marca Perú,
nuestra moneda nacional lleva el logo, y todo con la “bendición”
del sector privado.
Proyectamos todo lo que no somos en una marca con
la que ganan solo unos pocos a costa de todos los demás. Una droga que llena
los bolsillos del productor.
No todo está mal, pero no todo está tan bien como
se dice y podría estar mucho mejor, y podríamos ser más optimistas, y podríamos
trabajar más duro, y podríamos construir un país como lo queremos, pero… Eso no
se logra con ilusiones falsas, ni poniéndonos en venta, ni aplaudiendo los
logros de quienes viven de nuestro trabajo, ni compartiendo emocionados el
optimismo de quienes han puesto en remate al mejor postor nuestro futuro. ¿Qué
queremos que sea prioridad?, ¿Que nos “compren”?, ¿Somos un Perú en venta?


