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domingo, 25 de mayo de 2014

¿Por dónde empezar a renovar el discurso de la izquierda? Escarbar los márgenes, atreverse a pensar el Perú

Yaku Fernández*

La victoria de Fuerza Social (2010) y de GANA PERU (2011), para la Municipalidad de Lima y la Presidencia nacional, respectivamente, no han significado un ascenso político de las fuerzas de izquierda en el Perú. El porqué de esto necesita ser evaluado si no queremos volver a cometer los mismos errores. No podríamos estar más de acuerdo con la afirmación del historiador y sociólogo Nelson Manrique en que más que izquierda lo que existe propiamente en el Perú son izquierdistas.

¿Cómo pasar de individuos con cierta opinión a erigir un proyecto de cambio y con capacidad política real? Esta es la pregunta central que todo izquierdista debe hacerse y que se intenta responder desde distintas iniciativas.

El economista Félix Jiménez, por ejemplo, en sucesivos artículos publicados en el diario La Primera[1], se ha propuesto atacar el problema de la identidad política de la izquierda desde su propuesta de la Utopía Republicana. Evaluemos, a partir de esta propuesta, cómo deberíamos abordar la problemática planteada.

Una crítica a la Utopía Republicana de Félix Jiménez

Jiménez parte del hecho de la crisis de las ideologías a fines del siglo pasado. Cuando cae el bloque soviético y con él la opción económica de talante estatista, el pensamiento neoliberal tiene terreno libre para expandirse.

Pero esta expansión no se da libre de controversia. Con el tiempo el neoliberalismo va perdiendo prestigio. De este modo, los conceptos de democracia, Estado, mercado y libertad pierden su significado. En el Perú, la crisis de ideologías se ha expresado en la pérdida de identidad por parte de la izquierda, la cual ha asumido en la práctica las mismas definiciones conceptuales del neoliberalismo. Jiménez se propone rescatar elementos del pensamiento republicanista para generar una nueva identidad en la izquierda nacional.

Sin embargo, la pérdida de identidad de la izquierda no puede observarse únicamente en relación al pensamiento hegemónico para contraponerle una tradición opuesta; el procedimiento no debería ser tan mecánico ni simple.

¿Se puede incluir en un proyecto político nacional una concepción perteneciente a la tradición académica foránea sin previamente tener una visión acerca de la realidad peruana, que justifique su aplicación? Creemos que una renovación de la izquierda pasa necesariamente por plantearse una lectura de la realidad nacional como resultado de diversas reflexiones acerca de nuestro proceso histórico particular.

Ser auténticos, vencer la fobia a vernos en el espejo

Con la lectura de la realidad nacional como punto de partida podemos concebir mejor un proyecto de país, donde se incluya el rol y la naturaleza del estado, el mercado y la sociedad civil, así como plantear en un nuevo nivel el debate sobre el sistema político deseado. En pocas palabras la sistematización de un nuevo discurso debe tener una dirección, en términos dialécticos, de lo concreto a lo abstracto, no de lo abstracto a lo más abstracto.

Y es que entre los peruanos existe cierta fobia a verse en el espejo. Ya sea abrazando una identidad aséptica y básicamente comercial u ocultando ciertos rasgos para adoptar aquellos que emanan del norte hegemónico. Desde todos lados se niega y se reniega.

Esta fobia se traduce, dentro de aquellos que se dedican al estudio del país, en la falta de atrevimiento para adentrarse a comprender el proceso de formación social peruano. En la academia no faltan quienes buscan aplicar forzosamente conceptos foráneos a un debate que no tiene las características del contexto en el que surgieron.

A falta de ideas propias o como consecuencia de un adormecimiento del pensamiento crítico y creativo, se prefiere mirar hacia afuera y hacer abstracción del entorno inmediato, del proceso pasado y actual, de los conflictos y traumas que persisten. Existe hoy en día una pereza para idear.

Hacia una visión del Perú realmente existente

Se ignoran aquellos rasgos esenciales de nuestra realidad como, por ejemplo, el hecho de que nuestra sociedad es una sociedad fracturada desde su origen. Esto último lo sabemos y aceptamos todos, pero de lo que se trata es de asimilarlo, asumirlo como una conflictividad que nos define. El Perú realmente existente se ha erigido sobre la violencia, y este hecho es un tema tabú, duele tocarlo, nos coloca a la ofensiva.

El proyecto impulsado, entre otros, por Flores Galindo, que consiste en encontrar en la historia aquellos elementos que de manera persistente prefiguran la presencia de utopías, nacidas y promovidas por los sectores subalternos, y que brindan la materia prima para generar un proyecto de transformación es una muestra de esfuerzos deliberados por repensar el país. Otra iniciativa se encuentra en el enfoque de los denominados “libios”, con Carlos Iván Degregori a la cabeza.

Es desde este tipo de proyectos donde podemos rescatar una renovación del discurso de la izquierda, pues aquí se encuentra la complementación entre el campo político (el programa y la propuesta de la izquierda partidaria) y el campo social (la tradición, la propuesta y la lucha histórica de las bases), pues entendemos que el concepto de izquierda es indesligable de los procesos sociales.

La propuesta de la utopía republicana agrava el problema de la desconexión entre la política partidaria y el movimiento social o, en otros términos, la desconexión entre teoría y práctica; y nos distrae al llevar el debate hacia un problema académico de definiciones y significados (destinado a un público minúsculo, ilustrado).

Por una izquierda con una visión de país construida desde la lucha social

Se debe atacar el problema de fondo: la ausencia crítica de una interpretación y una visión nacionales. El verdadero reto en la izquierda a nivel de las ideas es generar un discurso propio sobre el Perú, entender el Perú como totalidad.

Podemos tener una definición académicamente impecable de un ideario de nueva izquierda pero si no tenemos una visión del país, entonces estamos hablando de formas sin pensar en el contenido.

Lo mismo sucede con tener un buen programa pero no concebir una estrategia viable que vislumbre su realización. Y más aún, si sólo se tiene como única vía de acción política la lucha electoral, sin una base social real que haga contrapeso y embandere la opción de cambio entonces estamos haciendo meras agitaciones intelectuales.

La iniciativa por generar un nuevo discurso desde la izquierda encuentra una profunda brecha generacional en su seno. El establecimiento de un nuevo discurso se dará no en cuanto se expongan diferentes ideas y teorizaciones, sino y fundamentalmente en cuanto se las pongan en práctica.

Esto último solo será viable si las ideas propuestas son también la puesta en marcha de una acción política y no solo la precisión de un marco teórico normativo (un deber ser) en el que se asumen dados o se abstraen los aspectos positivos (el ser).

Se trata de innovar en perspectivas y articular una nueva forma de pensar el país junto y del lado de los procesos sociales. No se trata de imponer visiones, sino de sacar a la superficie los cambios, continuidades, conflictos y fracturas para construir un proyecto político emancipatorio. He aquí un reto generacional.


Fuente de la imagen: http://tierraylibertad-lima.blogspot.com/2013/07/de-espaldas-la-calle.html




*
Yaku Fernández es militante de Izquierda Universitaria. Esta es una versión reducida del artículo del mismo nombre publicado aquí: http://bit.ly/1tagOjJ.
[1] Los artículos en cuestión son cuatro y aparecieron los sábados del 22 de febrero al 15 de marzo. Pueden ser consultados desde el blog personal de Félix Jiménez http://felixjimenez.blogspot.com/ .

jueves, 15 de mayo de 2014

Inició el juicio frente a hechos de la Curva del diablo: ¿Quiénes son los responsables?



  Por: Omar Cavero 
15/05/14



El conflicto que desembocó en ese fatídico 5 de junio del año 2009, que generó 33 muertos y más de 200 heridos, denominado “Baguazo”, está lejos de haber terminado. Se derogaron los principales decretos legislativos que generaron la protesta indígena que abarcó dos años y paros de varios meses, pero lo que ha seguido es la persecución política y judicial.

El día de ayer, 14 de mayo, comenzó el juicio del proceso que busca determinar responsables sobre los hechos de La Curva del diablo[1], donde hubo un enfrentamiento abierto entre indígenas y policías. Todos recordamos las dolorosas imágenes de decenas de muertos, rodeados por la desesperación indignada de los suyos. ¿Quiénes son los responsables?

Los principales acusados por la Fiscalía como autores de esos hechos, son indígenas. La intención aparente es echar la culpa de los hechos a los dirigentes amazónicos. Entre los acusados están dirigentes como Alberto Pizango, presidente de AIDESEP, y Santiago Manuim, dirigente Awajún.

El primero no estuvo en el lugar de los hechos y el segundo fue baleado en el primer enfrentamiento al lado de la carretera -precisamente al tratar de evitar que se diera un choque con la policía, como lo reconocen la mayoría de informes de investigación sobre los hechos. Cuando se dieron los sucesos de la Curva…, Manuim se encontraba valiéndose entre la vida y la muerte. Se pide para él, sin embargo, cadena perpetua.

Por supuesto, es necesario que se identifique a los responsables, tanto de las acciones de violencia generadas por la policía como de parte de manifestantes indígenas; y también los hallados culpables deben recibir las condenas que correspondan. Pero hacer justicia implica investigar con rigurosidad y buscar a los verdaderos culpables. Y eso no es lo que está sucediendo.

No seamos parte de la farsa de querer encarcelar a personas inocentes solo por la presión de tener gente tras las rejas. Eso no es, ni por asomo, justicia. Eso no nos reconciliará entre peruanos ni será una solución al conflicto.

¿Qué será justicia, entonces? Que se procese a todos los implicados. ¿Qué será superar el conflicto? Que se superen las causas de fondo que lo generaron.  

Al respecto solo recordemos tres cosas, de forma muy breve.

1.       Las protestas buscaban derogar decretos legislativos emitidos por Alan García. ¿Con qué intención se emitieron?

Las protestas indígenas buscaban derogar los decretos legislativos emitidos por Alan García el año 2007 con el fin evidente de recortar los derechos territoriales indígenas y facilitar el ingreso de inversiones privadas a la Amazonía.

Estos decretos fueron parte del paquete de normas que emitió el gobierno con las facultades que le otorgó el Congreso para legislar en torno a la implementación del Tratado de libre comercio (TLC) con EE.UU. Ese era el fondo del asunto: cómo facilitar el acceso de inversiones privadas a los recursos de la Amazonía, sobre todo madereros, petroleros y mineros.

No olvidemos la visión del ex presidente: la Amazonía estaría llena de recursos que los Perros del hortelano no permiten explotar.

2.       El enfrentamiento se pudo evitar, pero no se hizo

El enfrentamiento podía haberse evitado, pues los manifestantes informaron que se retirarían el 5 de junio en la mañana, aunque no sabían del desalojo ya decidido en las altas esferas del gobierno. El informe final de la investigación de Jesús Manacés y Carmen Gómez, y el de la comisión presidida por Guido Lombardi, así lo demuestran.

El interés del gobierno fue sacarlos de ahí a la fuerza. Eso es claro. A pocos días de los hechos la entonces ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, cambió a los mandos policiales en la zona -retiró al Gral. que había hecho de mediador con los manifestantes- y autorizó un desalojo en el que se envió a la DINOES con armamento de guerra: querían expulsarlos ejemplarmente a balazos.

No se agotaron las vías de diálogo. No hubo intención en hacerlo.

3.       Indígenas y policías fueron víctimas del gobierno aprista y de una política en la que la primera y sagrada prioridad es atraer inversiones privadas

Tanto policías como indígenas son víctimas del gobierno aprista y de la continuación de una política económica que tiene como prioridad la atracción de inversiones, las que se quieren imponer incluso a sangre y fuego. Esa política es el neoliberalismo, y la tenemos instalada desde 1990.

Los muertos por conflictos socio-ambientales dan fe de esa política. Los pueblos indígenas no protestaron para imponerle nada a nadie. Ir y tomar una carretera por varios meses no es un pasatiempo.

Ellos resistían más bien a una imposición, pues no se les consultó, por más que el Convenio 169 de la OIT así lo establece -y lo ha suscrito el Perú hace décadas. Todo indígena sabe muy bien que sin territorio su pueblo desaparece. Dicho de otro modo: no hay vida sin acceso a los recursos del territorio, y no puede haber identidad étnica si no hay un pueblo que la reproduzca. Quite usted el sustento material de un pueblo y lo extinguirá.




Quienes deberían estar sentados en el banquillo de los acusados son Alan García, Mercedes Cabanillas, Mercedes Araoz (ex ministra de Comercio exterior y turismo, que mintió al decir, amenazante, que si se derogaban los decretos quedaría sin efecto el TLC con EE.UU.), Yehude Simon (ex primer ministro) y los responsables policiales que dirigieron el operativo policial.

Y lo que no deberíamos permitir más como país, es que los gobiernos tengan como prioridad principal atraer inversiones a costa de todo, incluso de la vida de los peruanos. No debemos permitir que por encima del derecho a la vida y al territorio, prime el afán de lucro privado de unos cuantos empresarios y accionistas.

Para terminar, démosle la palabra al propio Santiago Manuim:



El gobierno de aquel tiempo nos enfrentó, uno que cumplían una orden de su alto mando y los indígenas que defendían su derecho, su identidad, su cultura, su propio desarrollo, su bosque, sus ríos, su cosmos y su territorio. El paro fue pacífico, hasta ese día fatídico del 5 de junio, nuestra protesta fue para que se derogue ese decreto que nos afectaba, además el gobierno no consultó con nosotros los indígenas. El convenio 169 de la OIT, exige que se consulte siempre que se quiera hacer algo dentro del territorio indígena.


[1] Km. 201 de la carretera Fernando Belaúnde Terry, Amazonas.