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domingo, 6 de abril de 2014

EXPLOTACIÓN Y ABUSO LABORAL EN TOPITOP

Razones para la  unidad sindical  y retos para un trabajo decente

Por: El Delfín

Fuente: http://www.topytop.com.pe/globalscope/en/manufacture.php

Hace 35 años, con la excusa de impulsar la exportación de forma transitoria, se impuso el DL 22342, que regula el Régimen Laboral de Exportación No Tradicional.

Este DL ha sido desde su inicio un mecanismo perverso y abusivo, que permite a los grandes grupos empresariales crecer y enriquecerse a costa del esfuerzo y sacrificio de sus trabajadores.

La extrema inestabilidad laboral que este régimen genera se extiende a todo el  sub sector textil y confecciones. Ejemplo de ello es lo que sucede en el grupo Topitop.



Topitop y la tergiversación del trabajo “eventual”

El DL 22342 le permite al grupo Topitop (conformado por las empresas Sur Color Star, TopiTop, Inka Knit, Star Print y Express Jeans) contratar trabajadores en el número que requiera para el proceso productivo (bajo la figura de ser supuestamente “eventuales”); es decir: necesarios solo por temporadas y por obras específicas. Contratos a plazo fijo,  por una cantidad pequeña de meses.

Sin embargo, en la práctica la gran mayoría de estos trabajadores vienen realizando funciones de forma permanente. Dicho de otro modo, sus puestos de trabajo existían antes de que fueran contratados y siguen existiendo luego de que ellos se van.

Así, existen trabajadores que suscriben contratos por un mes de vigencia y su permanencia está sujeta a la suscripción de un contrato tras otro, por varios años.

El Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) lo sabe, lo ha corroborado en innumerables oportunidades, señalando  la desnaturalización de los contratos celebrados al amparo de esta norma en perjuicio de los trabajadores. Pero no se ha hecho nada al respecto. (Véase el Informe N° 23-2011-MTPE/2/14).


Jornadas extenuantes, inestabilidad y prácticas antisindicales

Este régimen laboral constituye una de las bisagras legales más dañinas para los trabajadores del grupo Topitop  y de toda  la industria exportadora no tradicional, porque los  condena a bajos salarios, a malas condiciones de empleo, a una  limitada protección en salud y pensiones, y a largas jornadas laborales.

En Topitop, según declaran los propios trabajadores, las jornadas se extienden hasta 20 horas continuas en varias ocasiones, sin mayor esperanza de que al final del mes se pueda seguir empleado.
A ello se suma un bloqueo sistemático del ejercicio de las libertades de sindicalización y negociación colectiva. Si  alguien reclama por sus derechos o se sindicaliza, no se le renueva el contrato o se le induce, mediante hostigamiento, a la renuncia o despido.

El DL 22342 institucionaliza el abuso a miles de trabajadores a través de contratos que afectan derechos fundamentales de nuestra Constitución, tales como el derecho al trabajo (art. 22), al ingreso digno (art. 24) y a la libertad sindical  (art. 28), entre otros.

De esta forma, el grupo Topitop no solo se ha beneficiado del crecimiento de las exportaciones no tradicionales de los últimos años, sino que también ha crecido a costa del trabajo y sudor de sus propios trabajadores.

Las exportaciones no tradicionales han sumado en los últimos 34 años más de 2.157,1 millones de dólares: 2.000% más que en 1978, cuando se impuso la ley (Javier Diez Canseco, 2013).



Verdades simples y grandes tareas del trabajador

Partamos de un simple razonamiento:

Primero: el objetivo de todo grupo empresarial es maximizar sus ganancias, para ello necesitan  el sacrificio de los que producen el bien mediante su trabajo.

Segundo: en el país rige un mecanismo legal abusivo que facilita la explotación del trabajador -el DL 22342- y un Estado -con sus consecutivos gobiernos- que ampara este tipo de prácticas, permitiéndolas desde el mismo ordenamiento jurídico.

Tercero: es el trabajo lo único que permite la producción y la acumulación de capital por las empresas, pero a cambio los trabajadores no se benefician, padeciendo formas de trabajo que rozan con lo inhumano, poniendo al trabajador en condición de máquina, usada hasta resultar inservible para sus dueños.

Dicho lo anterior, deberíamos hacernos las siguientes preguntas:

¿Cómo logra el trabajador, que no es dueño de los medios de la producción -pero que genera esa producción- beneficiarse de ella?

¿Cómo podría un trabajador de TopiTop – y de cualquier empresa y rama- mejorar sus condiciones de trabajo para lograr una vida digna, un derecho irrenunciable de todo ser humano?

¿Quién defenderá al trabajador de un abuso, de una injusticia, de un maltrato, del hostigamiento o de la amenaza de despido que padece dentro de la empresa?

El único capaz de defender al trabajador, es el propio trabajador.

Así lo ha demostrado la historia. Son los mismos trabajadores quienes asociados, agremiados y organizados construyen el instrumento fundamental para luchar por sus derechos e intereses. La lucha de todo trabajador es, por tanto, la lucha por su organización y desde su organización.

Mientras más unidos, más fuertes son. Mientras mas consientes de su posición y su importancia en la producción, más fuertes son. Mientras más clara sea su lucha y mientras más solidaria y justa sea su demanda, más fuertes son. El poder del trabajador organizado radica en su unidad.


El sindicato de Topitop y su ejemplo como organización

Así lo han comprendido los sindicalizados de Topitop, organizados en el SINTOTTSA. Ellos desde casi siete años vienen llevando a cabo la heroica labor de luchar por sus derechos a pesar de todas las dificultades imaginables. Constituyen un significativo ejemplo para el país, en la línea de una lucha sindical férrea por la defensa y promoción  de sus derechos, frente al abuso y la explotación.

En su búsqueda de organización algunos han sido despedidos, agredidos, maltratados, hostigados, sobornados, engañados, atemorizados en distintas oportunidades. El objetivo de la patronal: debilitar el sindicato. Sin embargo, han persistido. Su lucha se amplía y avanzan.

Los trabajadores han comprendido la importancia de su sindicato. Cada vez hay más sindicalizados y en el último proceso de negociación colectiva lograron un pequeño  aumento de sus ingresos (1.78 nuevos soles), una asignación de educación para sus hijos (110 nuevos soles) y una canasta navideña para el hogar, además de guardianía infantil y continuidad de pago por tiempos improductivos por razones ajenas al trabajador, entre otros. (Ver el Laudo arbitral entre SINTOTTSA y Topitop S.A, 2013).

Los avances del sindicato de Topitop se mantendrán solo si siguen avanzando en la sindicalización de todos los trabajadores de la empresa. Ese es uno de sus principales retos. Es vital llamar a más trabajadores a organizarse.



La lucha social y política, de clase, que atraviesa todas las empresas y ramas

La lucha del trabajador no está frente a otro trabajador, ni en la indiferencia en el trabajo, ni en la competencia individualista, que solo favorece a los dueños.

La lucha inmediata es, fundamentalmente, contra el marco legal que permite el abuso e impide el goce de sus derechos fundamentales.

La lucha es, por tanto, política y la tarea política de todo trabajador es  por el cambio de las condiciones que lo rebajan a condición de un insumo humano, de una mercancía más, consumida al servicio de otros, que viven de su trabajo.

Este poder de la organización y de la unidad sindical, muy bien lo han comprendido las grandes empresas, que a lo largo de 20 años de política neoliberal han conquistado los aparatos del Estado, regulando las leyes a su antojo y debilitando la organización de los trabajadores para el beneficio y maximización de sus utilidades.

Ahí están las grandes agremiaciones de empresarios como CONFIEP, ADEX, AFIN, la Cámara de Comercio de Lima, COMEX PERU, etc., y los medios de comunicación dominados por ellos, donde encuentran una caja de resonancia de sus intereses particulares y efectivos mecanismos de presión política.

Los representantes del capital están unidos y organizados, y de la misma forma  nosotros  los trabajadores debemos estarlo. No basta quejarse de las injusticias, no basta saber de la explotación. Nos une a los trabajadores una gran fuerza social y productiva. No solo hay que recuperar derechos, hay que cuidar los presentes y conquistar nuevos. Hay que actuar, seguir luchando sin descanso, unidos y organizados.

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